Día de matanza, día de pitanza.
Donde comen tres, comerán cuatro, salvo que no cabrán tantos.
Donde no hay harina, todo es mohína.
Echale guindas a la tarasca, y verás como las masca.
El Abad, de lo que canta, yanta.
El aceite es armero, relojero y curandero.
El aceite, callando; la manteca, chirriando.
El ajo entero salta del mortero.
El arroz, donde se guisa; y la mujer, en camisa.
El arroz, el pez y el pepino nacen en agua y mueren en vino.
El caldo, en caliente; la injuria, en frío.
El cardo y el queso, al peso.
El comer y el rascar, todo es empezar.
El convite del cordobés: "Si no hubiera vuesa merced comido, le invitaría yo a comer."
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
El festín de Baltasar.
El hambre es mala consejera.
El hambre es tan maestra, que hasta a los animales adiestra.
El harto, del ayuno no tiene cuidado ninguno.
El horno y la vieja, por la boca se calientan.
El huesped y la pesca, a los tres días apestan.
El mal de vientre no se cura con agua caliente.
El malo, ni con el pan ni con el palo.
El mejor pan es el que nos dan.
El mejor racimo no va al lagar.
El pan echado, levanta a su amo.
El pan, con ojos; el queso, sin ojos; el vino, que salte a los ojos.
El perro del hortelano, ni come las berzas ni las deja comer al extraño.
El pescado, cómelo callado.
El pez fresco, frío y frito, y tras él, vino.
El pez y el cochino, la vida en agua y la muerte en vino.
El que llega tarde, ni oye misa ni come carne.
El que más come, menos come.
El que se pica, ajos come.
El que solo come su gallo, solo ensilla su caballo.
El que tiene hambre, con pan sueña.
El queso es sano, el que da el avaro.
El sermón, el melón y la mujer, extremados han de ser.
El toro y el melón, como salen son.
El truhán y el charlatán, mintiendo ganan el pan.